Indicó que la ley llegó para poner “un paño de legitimidad” a las identidad diversas que no encajaban en el binarismo de varón/mujer. Y que a partir de esto, puedan ser respetadas y reconocidas en todos los ámbitos en donde se desarrollen. Ejemplificó con la Universidad y los servicios de salud, que deben respetar el nombre con el que la persona se reconoce.

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Comentó que la ley también permitió que se pueda modificar legalmente la identidad, sin pasar por pruebas médicas que den cuenta del deseo de las personas.

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Señaló que, a 11 años de su sanción, se puede entender como una lucha llevada adelante por el feminismo y el colectivo LGTBIQ+, y que es necesario militarla y hacerla valer.

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Añadió que la normativo puso “derechos donde no existían derechos”, y calificó como positiva su sanción y aplicación, aunque reconoció que siempre hay tensiones y rechazos de sectores de la población. “Es necesario luchar para que  en algún momento terminar con estas resistencias conservadora de la autonomía a los sujetos”, indicó, y aseguró que todavía queda mucho camino por recorrer.