LOCALES

8 de marzo de 2013

Cuando la pasión y la vida caminan de la mano

Este es el título de una publicación de la agencia Comunica, de la Facultad de Ciencias Sociales, para una entrevista con Cecilia Romero, una médica comunitaria
Desde hace 25 años las mujeres del barrio Independencia apuestan al avance de los derechos y la salud. Esta tarea de acompañamiento y concientización es canalizada en la misma comunidad a través de la Unidad Sanitaria Nº 7. Implementan una medicina comunitaria que incluye encuentros con los vecinos

"El barrio Independencia no tenía atención médica ni participación ciudadana. La mujer se encontraba muy abocada a su casa. Desde la Unidad Sanitaria y junto al grupo Madre Esperanza se hicieron convocatorias para generar participación y las mujeres comenzaron a realizar talleres y asistir a las campañas sanitarias", recuerda la médica Cecilia Romero en uno de los consultorios que se encuentra colmado de cartas y dibujos de niños y niñas.

Sus ojos anticipan la respuesta, después de tanto trabajo la realidad se hizo otra. "La mujer tiene un control sobre su salud y te dice 'me toca hacerme una mamografía o el PAP' y eso lo atribuyo a la insistencia, al informar. Es la mujer la que lleva al bebé a su control, la que retira el método anticonceptivo, la que viene a hablar con el médico o trabajadora social por un problema en la familia, siempre es la mujer la que cumple éste rol social muy importante que conecta a la familia con las instituciones".

"Sería importante avanzar en la problemática de la violencia de género. Poder ayudar más, porque está instalado como en todos los barrios. Es una situación que uno ve y que no escapa de lo que sucede en el resto de Olavarría y del país", reflexiona.

En 1988 llegó al barrio Independencia, una zona con casas bajas, ventanas pequeñas y veredas desparejas. Por entonces Cecilia, oriunda de Ituzaingó, era residente pero pronto se transformó en una vecina más, haciendo realidad sus deseos de trabajar con y para la comunidad. "Con mi marido quisimos elegir nuestro hogar en un lugar donde necesitaran un médico y éste era un lugar de gente humilde", recuerda la médica que aún conserva el entusiasmo inicial por su vocación.

Por aquellos primeros años la Unidad Sanitaria Nº 7 estaba en construcción y Cecilia Romero y su colega Stella Policromo se reunían para organizar el trabajo y visitar a los pacientes en sus casas. "En ese momento se formó el grupo Madres Esperanza, en donde estaban los abuelos Córdoba que ejercían una medicina popular y curaban sin medicarte. Me acuerdo que íbamos a su casa, le dábamos charlas y escribíamos en letra grande recomendaciones para que transmitan al resto de los vecinos".

Cecilia adaptó la medicina a las curaciones populares que aplicaban los adultos mayores del barrio. "Ellos eran los referentes y como la gente iba a curase el empacho o la diarrea entonces aprovechábamos a darles algunos elementos para que puedan dar una dieta. La abuela le cortaba el empacho pero les decía que vean a la doctora".

Al tiempo que se disolvió el grupo Madre Esperanza, con el fallecimiento de los abuelos Córdoba, se formó otro grupo de mujeres que se llamó Grupo Reflexión. En ese momento los vecinos del barrio Independencia comenzaron a convivir con vecinos del barrio Ituzaingó. Cecilia recuerda que el intercambio fue duro. "Yo veía que había grupos de adolescentes que se tiroteaban de barrio a barrio con una actitud muy compulsiva, ellos te robaban a cara descubierta, pero también había gente muy solidaria. Como respuesta se buscó la integración de ambos barios a partir de compartir talleres de artesanías que se dictaban en la unidad sanitaria".

El Grupo Reflexión trabajó junto a los vecinos del barrio Ituzaingó para disuadir la estigmatización que vivían. "Los vecinos del '104 viviendas' decidieron cambiar el nombre del barrio a "Ituzaingó" para lo cual hubo una movida con el diario para que le dieran voz a la gente. Todo cambió mucho y hoy se hallan lazos de amistad, es gente muy solidaria", destaca.

El grupo de mujeres Reflexión estuvo coordinado por la asistente social Mirta Martínez quien afrontó con capacitaciones, problemáticas como la violencia familiar. Para trabajarlo, teatralizaron el tema en la sala de la unidad sanitaria, brindaron contención y escucharon a los involucrados. "Cuando diagnosticábamos un caso de violencia las acompañábamos a realizar la denuncia a la fiscalía y las apoyábamos. En una época yo había diagnosticado 70 casos de violencia familiar, específicamente violencia de género. Hoy también se identifican casos pero más aislados", compara.

Cecilia Romero atribuye la violencia a la escasa posibilidad de establecer un diálogo. "Hoy se canaliza el tema en el consultorio, pero creo que lo importante es que la mujer se incluya en un grupo de ayuda y que también existan grupos así para hombres porque esta problemática es de a dos y el hombre no cuenta con un espacio para abordar el problema, entonces siempre va a ser golpeador".

La doctora, de estatura media baja, cabello oscuro y ojos color chocolate, se enciende cuando expresa sus pasiones. "Cuando uno no tiene todas las herramientas para poder ayudar al otro, se sobrecarga de impotencia. Cuando yo estaba mal porque las cosas me sobrepasaban, pasaba por la casa de los abuelos Córdoba, me tomaba unos mates, conversaba con ella y me iba a mi casa con mucha paz. Hoy ya no están pero los tengo en mi corazón". En las situaciones difíciles, Cecilia, recuerda la contención que le brindaron los abuelos Córdoba y valora a sus compañeros de trabajo porque, según cuenta la médica, canalizan entre todos la angustia de no poder ayudar más allá de la vida privada del otro./ AC-FACSO
 

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