En referencia al estudio contó que “el maltrato infantil deja huellas tanto físicas como emocionales en los niños a lo largo de sus vidas”.

Explicó que “son las adversidades que ellos sufren, las que dejan huellas llamadas moleculares, que quedan en las células del cuerpo, como en el cerebro, la sangre, la saliva, en cualquier tejido del cuerpo, inclusive en la saliva y eso se consideraba un marcador epigenético.”

JLR