13 de noviembre de 2013

En “La casa de Helen” venden cerámicas ornamentales para la construcción

Es el producto final de un trabajo pedagógico realizado durante todo el año con los alumnos del Centro de Formación Integral a través del proyecto “Niños constructores”.


“Casa de Helen” es un centro de formación integral para jóvenes con distintas discapacidades intelectuales que en la actualidad alcanzan los 60. Este año además, se han integrado adolescentes sordos e hipoacúsicos, en colaboración con IDEO. 

 

En diálogo con “Olavarría en comunidad” su directora Claudia Pilip indicó que las edades de los alumnos van desde los 14 y hasta los 21 años. La misión, dice la docente, es prepararlos para que el día de mañana puedan integrarse a un puesto real de trabajo.

 

Es por ello que los entrenan en tareas relacionadas con diferentes profesiones: artesanías (niños constructores),  el área de la alimentación (cocina y servicio de catering) y la actividad agropecuaria con producción de plantines, frutales y plantación a cielo abierto.

 

Justamente como desarrollo de estas iniciativas es que convocan a la comunidad para que se acerque y compre los productos (panificados, plantas, cerámicas). El dinero que van recaudando se utiliza para salidas y viajes educativos.  

 

El artista y docente Mauricio D’amico es quien está a cargo del proyecto de cerámica y destaca entusiasmado que han elaborado “piezas únicas”. Los niños constructores participan de la extracción de la materia prima en las canteras, de la preparación de la mezcla, de la confección de los bastidores y la elección del diseño.

 

Las 400 piezas que tienen disponibles para la venta pueden ser  destinadas como guardas, zócalos y murales, con fines ornamentales. Son cocidas en hornos de leña construidos para ese fin y ese momento es una ceremonia de gran trascendencia para la institución.

 

No obstante, sueñan con conseguir un horno eléctrico o a gas para aumentar la producción e incorporar la técnica del esmaltado.

 

A la hora de evaluar la experiencia, Mauricio dice que el proyecto tiene muchos costados positivos: se incentiva la creatividad, hacen el trabajo con alegría y aprovechan  la visita al yacimiento para conocer cuestiones de nuestra historia geológica.

 

“Y ellos mismos son luego multiplicadores de lo que aprenden y se lo explican a los visitantes”, cierra D’amico. 

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