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INTERNACIONALES

25 de junio de 2020

En Estados Unidos los gobernadores comienzan a tomar medidas ante la aceleración de los contagios

MIentras el gobierno de Donald Trump está dominado por la inacción, los gobernadores de Texas, Nevada, Florida y Carolina del Norte comenzaron a reaccionar ante la espiralización de la curva de contagios en sus distritos.

Estados Unidos volvió a registrar otro día con más de 34.000 nuevos contagios y, si se mantiene esta tendencia podría volver a alcanzar a nivel nacional el pico que superó con Nueva York, un pronóstico que preocupa a muchos gobernadores, que comenzaron hoy a tomar medidas concretas para frenar la pandemia.

Uno de los dirigentes que más apoyaron la reapertura económica en un primer momento, el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, ordenó hoy frenar ese proceso de flexibilización de la cuarentena, luego de ser uno de los Estados que registraron récords de casos, hospitalizaciones y muertos en la última semana.

"Lo último que quiero hacer como Estado es dar marcha atrás y cerrar los negocios. Esta pausa temporal ayudará a nuestro Estado a controlar la expansión hasta que seamos capaces de entrar en la siguiente fase de la apertura económica", explicó Abbott en un comunicado, citado por la agencia de noticias EFE.

Por el momento, el brote en Texas se concentra en las áreas metropolitanas de Houston y Dallas, y en las ciudades de Austin, San Antonio y El Paso.

Actualmente, Texas cuenta con 4.389 pacientes hospitalizados con Covid-19, frente a los 2.793 de hace una semana, según datos del Departamento de Salud estatal.

A lo largo del sur y el oeste del país, varios Estados están registrando una rápida aceleración de los contagios por coronavirus, una tendencia completamente a contramano de lo que sucede en Nueva York y los distritos vecinos, donde se vivió el pico en mayo y, gracias a una reapertura más cautelosa y gradual, el ritmo de nuevos casos y muertos se mantiene en constante descenso.



A nivel nacional, Estados Unidos alcanzó su pico de contagio a la par de Nueva York, su brote más importante hasta ahora. Pero mientras Nueva York tiene hoy una curva pronunciada de descenso, el país en su conjunto venía viviendo un amesetamiento de la curva que no llegaba a descender porque más de la mitad de los Estados registran aumentos diarios de casos.

Hoy el temor de expertos y gobernadores es que la curva nacional pueda ser ascendente.

En un año electoral, la presión de la Casa Blanca para seguir avanzando en la reapertura de la economía y frenar la hemorragia que afecta al mundo laboral -otros 1,5 millones trabajadores pidieron el seguro de desempleo esta última semana y el gobierno confirmó una caída del 5% del PBI en el primer trimestre- aún es fuerte en todo el país.

Sin embargo, algunos gobernadores, como el de Texas, comenzaron a desmarcarse y a reconocer que la situación sanitaria está empeorando.

El gobernador de Nevada, el demócrata Steve Sisolak, no frenó la reapertura pero decretó que todas las personas deberán usar tapabocas en público, incluso en los casinos de Las Vegas, una medida que genera un gran rechazo entre sectores libertarios y una base importante del electorado del presidente Donald Trump.

En las últimas horas, el gobernador de Carolina de Norte, el demócrata Roy Cooper, y varios alcaldes en Florida aprobaron medidas similares, pese a la resistencia de muchos habitantes que consideran que la obligación del uso del tapabocas es una afrenta a su libertad individual.

La incógnita es si los gobernadores de los otros Estados que tuvieron cifras récord esta semana -California, Arizona, Mississippi, Florida y Oklahoma- y los otros que tienen curvas en marcado ascenso -Arizona, Alabama y Carolina del Sur- se sumarán a estas primeras medidas preventivas desde que iniciaron los procesos de reaperturas.

Nuevas cifras
Ayer, las autoridades estadounidenses informaron que el martes se registraron más de 36.000 casos nuevos y hoy esta cifra apenas descendió a 34.000, lo que confirma un ascenso a nivel nacional muy por encima de los 20.000 casos que registró en la segunda mitad de mayo y la primera de este mes.

Desde que estalló la pandemia en el país, ya se contagiaron casi 2,4 millones de personas y más de 122.000 fallecieron por coronavirus, según el recuento de la Universidad Johns Hopkins.

La situación en el sur y oeste del país empeoró tanto que los Estados que se están recuperando de lo peor de la pandemia -Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut- decidieron tomar medidas para evitar un rebrote importado.

Ante la inacción del gobierno federal de Trump, que no solo no reconoce un problema en las nuevas cifras, sino que además no ha tomado ninguna medida para frenarlas, los tres Estados anunciaron ayer una cuarentena para todas las personas que viajen desde las zonas con brotes importantes.

Por ahora se trata de Alabama, Arkansas, Arizona, Florida, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Texas, Washington y Utah. Pero los gobernadores ya advirtieron que podrían sumar más estados si los brotes se extienden.

Al mismo tiempo, el alcalde de Nueva York, el demócrata Bill de Blasio, se mostró confiado hoy en que la ciudad podrá pasar a la tercera fase de la reapertura el próximo 6 de julio, lo que implicaría la vuelta de los restaurantes, los negocios de cuidado personal y los deportes al aire libre.

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